jueves, 30 de octubre de 2008

En la tienda de antiguedades

Aquel soleado domingo de octubre, no tenía nada que hacer, me apetecía salir a tomar el aire, me puse unos jeans, una de mis mejores camisas por encima de una camiseta negra y salí a pasear por la zona del 'Maremagnum', en el puerto en Barcelona, hacía frío, pero brillaba el sol en un cielo azul y limpio, sin nubes, era agradable, se estaba bien deambulando, mirando la gente, uno de los locales abiertos presentaba una liquidación de cuadros, estaban expuestos, algunos originales de pintores desconocidos y copias legales de cuadros famosos, me encontré con una ligera cola para acceder, se liquidaban la mayor parte de todo el material expuesto, los precios muy bajos, detrás de mi una chica sola ensimismada, con vaqueros y un jersey delgado de hilo de azul turquesa, llevaba unas gafas rectangulares pequeñas que le conferían un aspecto intelectual, entablamos conversación, a ambos nos gustaba curiosear en galerías, me dijo que se llamaba Marlene y entramos juntos al museo.

Me sorprendió la amplitud de las salas, en una de ellas un conjunto de cuadros eróticos renacentistas ocupaban buena parte de la misma, debido a los focos y la cantidad de gente, la temperatura era altísima, gran cantidad de cuadros de mujeres desnudas, hombres, escenas placenteras en campiñas, jardines o palacios, algunas Venus renacentistas, Adonis, odaliscas, poses de toda índole, mostrando la desnudez y el erotismo de la forma más cruda y sugerente.

Marlene, se le notaba que disfrutaba especialmente, iba de cuadro en cuadro, acercándose, mirándolos de lejos, yo me limitaba a fantasear un poco, de repente soltó un:
-¡¡Ohhhhhh !! No me había dado cuenta !!
Todos nos giramos hacia ella, estaba como poseída por un cuadro.
La obra en cuestión era 'Dánae recibiendo la lluvia dorada' de Tiziano. Una copia del original custodiado en el museo de Capodimonte.
Le pregunté que le pasaba, pero estaba absorta y me dijo que ahora no podía explicármelo.
Cuando acabamos de ver los cuadros, quedamos en buscar una cafetería por allí cerca para charlar un poco. La verdad es que me sorprendió ver una chica tan joven, interesándose de esa forma por la pintura.

-La verdad es que me he sofocado por tu culpa, por un momento tu jersey de color azul fuerte, con esa abertura tan amplia en el cuello, la sala llena de desnudos, el color rojo pasión predominante y en el medio de todo este enclave, tú la única mujer guapa, indiferente a todas las sugerentes explosiones de los sentidos allí expuestas, como centro de esas manifestaciones de escenas eróticas tan febriles, momentos capturados a lo largo de los tiempos allí expuestos, no sé, he pensado en todos ahí erotizados, desnudándose mentalmente unos a otros.
Rió con ganas ...
-¿Te imaginas a Tiziano excitándose mientras pintaba a Dánae?
-No, la verdad es que me resulta muy lejano, prefiero imaginarme a la chica del jersey azul, de sonrisa enigmatica y le hice un guiño.

Una sonrisa muy dulce, apareció al otro lado de la mesa.
-Gracias. Dijo bajando la mirada y la voz como un tanto azorada

Marlene, ahora me mostró otra faceta, su lado menos frio, se sacó las gafas y alargó los brazos como un gato desesperezándose, sentí un cosquilleo muy dentro de mí.
El escote del fino jersey se ladeó un tanto, resbalando, dejándole un hombro de piel muy blanca, casi como el del cuadro aquel que ella miró tan intensamente.

-Hoy he descubierto un detalle fascinante sobre el cuadro de Tiziano, acerca de Dánae. ¿Conoces la historia?
-Pués no.
-Es que para comprender el detalle que acabo de descubrir, necesitas saberla. Lo importante es que la lluvia dorada que cae sobre el sexo de la Dánae (en griego Δανάη, “sedienta”)

Zeus estaba loco por ella. Al ser un Dios poderoso, hubiese podido raptarla sin ningún problema, pero quería mantener el secreto, evitando que se enterara su esposa Hera.

Todo ocurrió en una noche estrellada...Dánae yacía desnuda en su lecho, mientras soñaba con la ansiada libertad, cuando apareció Zeus a través de una rendija e inmediatamente se transformó en una suavísima lluvia dorada, se transformó en su propio semen, que cayó sobre la doncella.

Así, gota a gota, entró Zeus en el cuerpo desnudo y asustado de Dánae, patidifusa ante tan importante visita. Aquellas gotas doradas, cual cálido, perfumado, luminoso y vibrante abrazo, lograron el lascivo propósito del dios, la posesión de la hembra, y, de paso, introdujeron en el impúdico vientre femenino la semillita de una nueva vida: la del futuro héroe Perseo.

-Interesante historia, fascinante.
Pedimos unas tónicas y unos pequeños sandwichs, estaban deliciosos, mientras hablábamos, mordisqueabamos y sorbíamos a pequeños sorbos las bebidas, disfrutando de aquella conversación.
-Resulta que hoy he descubierto algo nuevo... es que…verás:
(Se notaba que tenía ganas de contarlo y se atropellaba a si misma al hablar, estaba visiblemente emocionada).
-La diosa está tumbada así ¿no? Preparada para recibir la lluvia dorada.




Marlene atrae hacía si otra de las pequeñas sillas de madera, se recuesta entre las dos sillas imitando la postura de Dánae. Yo asiento con la cabeza.




-Pues bien, una de sus piernas tapa la mano, y por la situación del brazo suponemos que reposa en la ingle. Pero si te fijas, esa mano se ve, pero está muy borrosa.
Dice ella colocándosela por debajo del envés del muslo.

-Ahí viene lo bueno, te das cuenta que ésta aprieta los dedos contra la carne como si quisiera abrirse más de lo que puede y deseara empujar ¿Lo ves? Mira así !!

Marlene estaba eufórica, abre ahora sus piernas y aprieta los dedos contra la tela del pantalón. Al punto, se deja caer sobre la silla, toma la otra silla la acerca y se queda tumbada y da unos casi imperceptibles golpes de cadera al aire.

Había adoptado a la perfeccion la postura de la diosa, que aparecía acostada y desnuda sobre un lecho con las piernas abiertas y flexionadas y la cabeza ladeada. A pesar de los jeans y de su llamativo jersey yo estaba imaginando a Dánae allí delante mio. Instintivamente moje las yemas de los dedos en la tónica y lancé gotitas sobre su sexo, con las luces que se filtraban por la ventana parecían pequeñas perlas. Marlene aumentó sus golpes de cadera al aire abriendo aún más su sexo bajo los jeans.


Pasan unos segundos y se incorpora, se sienta recta como guardando la compostura y se coloca el escote del jersey, que inmediatamente se precipita hombro abajo.
Yo estaba alucinando, me ajusté las gafas, no podía dejar de mirarla, me estaba imaginando a la Dánae en la época actual, en una cafetería bajo una lluvia dorada, y un hombro desnudo al aire libre, al ver que la miraba tan intensamente ella bajó la suya.

-Ven, siéntate más cerca y le acerqué una silla a mi lado-

Marlene dudó unos momentos concentrada en los dibujos de las vetas del mármol de la mesa, de repente soltó:
-¿ Y por qué no?
Vuelve a sonreír, se levanta y en lugar de sentarse en la silla que le había preparado, se sienta sobre mi muslo, dándome la espalda, casi de un salto, apoyandose sobre mi pecho, estaba ahi en mi regazo, dejando su peso en mi pierna y aguantando con la punta de los pies en el suelo.

Instintivamente me acerco a su cuello y lo huelo. Puedo sentir su calor a través de su amplio escote un olor a lavanda y excitación que surgía de su interior.
-¿Estás húmeda verdad? –le susurro

Marlene asiente con la cabeza. No habla, ahora su mirada está pérdida entre las paredes, mira lejos.


-Muéstramelo.
-Aquí no puedo

Dice ella negando con la cabeza. Se hace un silencio tenso, creo que esta vez he ido demasiado lejos y todo va a acabar aquí

-Vete al baño y traeme la prueba.
Se lo pido semicerrando los ojos, con una mirada que intentaba ser suplicante, pero salió entre morbosa y cómplice, con un tono de voz que a mi me pareció seductor. Aunque al acabar la frase me delató un pequeño suspiro traidor.
Marlene sonríe esta vez, muestra todos sus dientes blancos preciosos, se levanta con un ágil saltito y entra en el baño. Me quedé mirando la puerta. No se que cara puse y prefiero no imaginármela.
Se hizo interminable, pero solo pasaron unos minutos, sale y se sienta enfrente.
Marlene me muestra la yema del dedo índice ligeramente humedecida, se lleva el dedo índice a sus propios labios, saca la punta de la lengua y se lame tímidamente. Para y baja la mirada a la mesa.

-¿Te gustaría saber cuál es mi sabor?
Me pregunta bajando la voz, nuestros torsos rebajan la separación, casi estan encima de la mesa mesa que nos separa. Marlene se encoge de hombros, el escote del jersey vuelve a caer indómito, agarro su mano con decisión y me la acerco a la nariz.

Aspiro profundamente y luego jugueteo con sus dedos, los paso por la mejilla, acaricio mis labios con ellos y finalmente los introduzco en la boca. Son muy suaves, apenas se mueven, me gusta lamerlos lentamente, chuparlos, mi lengua los recorre con mucha dulzura, desde su base a las uñas, Marlene no hace nada, pero ahora si me devuelve la mirada. Intento descubrir el sabor de su sexo, con lentitud no quiero gastar su sabor.

Ella cierra los ojos y empieza a morderse el labio inferior.
Su cuerpo se contonea ligeramente en la silla. Con la mano libre se aprieta la parte trasera del muslo tirando hacia arriba como intentando abrir su sexo. Su respiración se acelera......Vuelve a aparecer la doncella Dánae.....

Un extraño zumbido 'in crescendo' interrumpe la magia que se había desarrollado allí, rodeando aquella mesa blanca de mármol, y las tres sillas desordenadas, donde las vetas estaban empezando a dibujar formas con vida, Zeus y Dánae desaparecieron y les substituyeron las voces de la multitud ajetreada, descubriéndome que no estábamos solos en aquella vieja cafetería al lado del almacén de antiguedades.

Marlene rebuscó en el bolso, extrajo un artilugio rosa, lleno de botoncitos y su semblante se crespó de repente, los sonidos de tazas y conversaciones lejanas volvieron....

-Dime. No, no me he olvidado, estoy en ello, estaba .... Si sí, ya lo sé, pero he entrado en una exposición de unos cuadros muy interesantes ....Y yo, también te quiero. Venga, que sí, que no tardo.

No se porqué, algo me decía que esta conversación ya se había acabado........
PD Si quereís documentaros más sobre Dánae....Blog Turulato

En la tienda de antiguedades

Aquel soleado domingo de octubre, no tenía nada que hacer, me apetecía salir a tomar el aire, me puse unos jeans, una de mis mejores camisas por encima de una camiseta negra y salí a pasear por la zona del 'Maremagnum', en el puerto en Barcelona, hacía frío, pero brillaba el sol en un cielo azul y limpio, sin nubes, era agradable, se estaba bien deambulando, mirando la gente, uno de los locales abiertos presentaba una liquidación de cuadros, estaban expuestos, algunos originales de pintores desconocidos y copias legales de cuadros famosos, me encontré con una ligera cola para acceder, se liquidaban la mayor parte de todo el material expuesto, los precios muy bajos, detrás de mi una chica sola ensimismada, con vaqueros y un jersey delgado de hilo de azul turquesa, llevaba unas gafas rectangulares pequeñas que le conferían un aspecto intelectual, entablamos conversación, a ambos nos gustaba curiosear en galerías, me dijo que se llamaba Marlene y entramos juntos al museo.

Me sorprendió la amplitud de las salas, en una de ellas un conjunto de cuadros eróticos renacentistas ocupaban buena parte de la misma, debido a los focos y la cantidad de gente, la temperatura era altísima, gran cantidad de cuadros de mujeres desnudas, hombres, escenas placenteras en campiñas, jardines o palacios, algunas Venus renacentistas, Adonis, odaliscas, poses de toda índole, mostrando la desnudez y el erotismo de la forma más cruda y sugerente.

Marlene, se le notaba que disfrutaba especialmente, iba de cuadro en cuadro, acercándose, mirándolos de lejos, yo me limitaba a fantasear un poco, de repente soltó un:
-¡¡Ohhhhhh !! No me había dado cuenta !!
Todos nos giramos hacia ella, estaba como poseída por un cuadro.
La obra en cuestión era 'Dánae recibiendo la lluvia dorada' de Tiziano. Una copia del original custodiado en el museo de Capodimonte.
Le pregunté que le pasaba, pero estaba absorta y me dijo que ahora no podía explicármelo.
Cuando acabamos de ver los cuadros, quedamos en buscar una cafetería por allí cerca para charlar un poco. La verdad es que me sorprendió ver una chica tan joven, interesándose de esa forma por la pintura.

-La verdad es que me he sofocado por tu culpa, por un momento tu jersey de color azul fuerte, con esa abertura tan amplia en el cuello, la sala llena de desnudos, el color rojo pasión predominante y en el medio de todo este enclave, tú la única mujer guapa, indiferente a todas las sugerentes explosiones de los sentidos allí expuestas, como centro de esas manifestaciones de escenas eróticas tan febriles, momentos capturados a lo largo de los tiempos allí expuestos, no sé, he pensado en todos ahí erotizados, desnudándose mentalmente unos a otros.
Rió con ganas ...
-¿Te imaginas a Tiziano excitándose mientras pintaba a Dánae?
-No, la verdad es que me resulta muy lejano, prefiero imaginarme a la chica del jersey azul, de sonrisa enigmatica y le hice un guiño.

Una sonrisa muy dulce, apareció al otro lado de la mesa.
-Gracias. Dijo bajando la mirada y la voz como un tanto azorada

Marlene, ahora me mostró otra faceta, su lado menos frio, se sacó las gafas y alargó los brazos como un gato desesperezándose, sentí un cosquilleo muy dentro de mí.
El escote del fino jersey se ladeó un tanto, resbalando, dejándole un hombro de piel muy blanca, casi como el del cuadro aquel que ella miró tan intensamente.

-Hoy he descubierto un detalle fascinante sobre el cuadro de Tiziano, acerca de Dánae. ¿Conoces la historia?
-Pués no.
-Es que para comprender el detalle que acabo de descubrir, necesitas saberla. Lo importante es que la lluvia dorada que cae sobre el sexo de la Dánae (en griego Δανάη, “sedienta”)

Zeus estaba loco por ella. Al ser un Dios poderoso, hubiese podido raptarla sin ningún problema, pero quería mantener el secreto, evitando que se enterara su esposa Hera.

Todo ocurrió en una noche estrellada...Dánae yacía desnuda en su lecho, mientras soñaba con la ansiada libertad, cuando apareció Zeus a través de una rendija e inmediatamente se transformó en una suavísima lluvia dorada, se transformó en su propio semen, que cayó sobre la doncella.

Así, gota a gota, entró Zeus en el cuerpo desnudo y asustado de Dánae, patidifusa ante tan importante visita. Aquellas gotas doradas, cual cálido, perfumado, luminoso y vibrante abrazo, lograron el lascivo propósito del dios, la posesión de la hembra, y, de paso, introdujeron en el impúdico vientre femenino la semillita de una nueva vida: la del futuro héroe Perseo.

-Interesante historia, fascinante.
Pedimos unas tónicas y unos pequeños sandwichs, estaban deliciosos, mientras hablábamos, mordisqueabamos y sorbíamos a pequeños sorbos las bebidas, disfrutando de aquella conversación.
-Resulta que hoy he descubierto algo nuevo... es que…verás:
(Se notaba que tenía ganas de contarlo y se atropellaba a si misma al hablar, estaba visiblemente emocionada).
-La diosa está tumbada así ¿no? Preparada para recibir la lluvia dorada.




Marlene atrae hacía si otra de las pequeñas sillas de madera, se recuesta entre las dos sillas imitando la postura de Dánae. Yo asiento con la cabeza.




-Pues bien, una de sus piernas tapa la mano, y por la situación del brazo suponemos que reposa en la ingle. Pero si te fijas, esa mano se ve, pero está muy borrosa.
Dice ella colocándosela por debajo del envés del muslo.

-Ahí viene lo bueno, te das cuenta que ésta aprieta los dedos contra la carne como si quisiera abrirse más de lo que puede y deseara empujar ¿Lo ves? Mira así !!

Marlene estaba eufórica, abre ahora sus piernas y aprieta los dedos contra la tela del pantalón. Al punto, se deja caer sobre la silla, toma la otra silla la acerca y se queda tumbada y da unos casi imperceptibles golpes de cadera al aire.

Había adoptado a la perfeccion la postura de la diosa, que aparecía acostada y desnuda sobre un lecho con las piernas abiertas y flexionadas y la cabeza ladeada. A pesar de los jeans y de su llamativo jersey yo estaba imaginando a Dánae allí delante mio. Instintivamente moje las yemas de los dedos en la tónica y lancé gotitas sobre su sexo, con las luces que se filtraban por la ventana parecían pequeñas perlas. Marlene aumentó sus golpes de cadera al aire abriendo aún más su sexo bajo los jeans.


Pasan unos segundos y se incorpora, se sienta recta como guardando la compostura y se coloca el escote del jersey, que inmediatamente se precipita hombro abajo.
Yo estaba alucinando, me ajusté las gafas, no podía dejar de mirarla, me estaba imaginando a la Dánae en la época actual, en una cafetería bajo una lluvia dorada, y un hombro desnudo al aire libre, al ver que la miraba tan intensamente ella bajó la suya.

-Ven, siéntate más cerca y le acerqué una silla a mi lado-

Marlene dudó unos momentos concentrada en los dibujos de las vetas del mármol de la mesa, de repente soltó:
-¿ Y por qué no?
Vuelve a sonreír, se levanta y en lugar de sentarse en la silla que le había preparado, se sienta sobre mi muslo, dándome la espalda, casi de un salto, apoyandose sobre mi pecho, estaba ahi en mi regazo, dejando su peso en mi pierna y aguantando con la punta de los pies en el suelo.

Instintivamente me acerco a su cuello y lo huelo. Puedo sentir su calor a través de su amplio escote un olor a lavanda y excitación que surgía de su interior.
-¿Estás húmeda verdad? –le susurro

Marlene asiente con la cabeza. No habla, ahora su mirada está pérdida entre las paredes, mira lejos.


-Muéstramelo.
-Aquí no puedo

Dice ella negando con la cabeza. Se hace un silencio tenso, creo que esta vez he ido demasiado lejos y todo va a acabar aquí

-Vete al baño y traeme la prueba.
Se lo pido semicerrando los ojos, con una mirada que intentaba ser suplicante, pero salió entre morbosa y cómplice, con un tono de voz que a mi me pareció seductor. Aunque al acabar la frase me delató un pequeño suspiro traidor.
Marlene sonríe esta vez, muestra todos sus dientes blancos preciosos, se levanta con un ágil saltito y entra en el baño. Me quedé mirando la puerta. No se que cara puse y prefiero no imaginármela.
Se hizo interminable, pero solo pasaron unos minutos, sale y se sienta enfrente.
Marlene me muestra la yema del dedo índice ligeramente humedecida, se lleva el dedo índice a sus propios labios, saca la punta de la lengua y se lame tímidamente. Para y baja la mirada a la mesa.

-¿Te gustaría saber cuál es mi sabor?
Me pregunta bajando la voz, nuestros torsos rebajan la separación, casi estan encima de la mesa mesa que nos separa. Marlene se encoge de hombros, el escote del jersey vuelve a caer indómito, agarro su mano con decisión y me la acerco a la nariz.

Aspiro profundamente y luego jugueteo con sus dedos, los paso por la mejilla, acaricio mis labios con ellos y finalmente los introduzco en la boca. Son muy suaves, apenas se mueven, me gusta lamerlos lentamente, chuparlos, mi lengua los recorre con mucha dulzura, desde su base a las uñas, Marlene no hace nada, pero ahora si me devuelve la mirada. Intento descubrir el sabor de su sexo, con lentitud no quiero gastar su sabor.

Ella cierra los ojos y empieza a morderse el labio inferior.
Su cuerpo se contonea ligeramente en la silla. Con la mano libre se aprieta la parte trasera del muslo tirando hacia arriba como intentando abrir su sexo. Su respiración se acelera......Vuelve a aparecer la doncella Dánae.....

Un extraño zumbido 'in crescendo' interrumpe la magia que se había desarrollado allí, rodeando aquella mesa blanca de mármol, y las tres sillas desordenadas, donde las vetas estaban empezando a dibujar formas con vida, Zeus y Dánae desaparecieron y les substituyeron las voces de la multitud ajetreada, descubriéndome que no estábamos solos en aquella vieja cafetería al lado del almacén de antiguedades.

Marlene rebuscó en el bolso, extrajo un artilugio rosa, lleno de botoncitos y su semblante se crespó de repente, los sonidos de tazas y conversaciones lejanas volvieron....

-Dime. No, no me he olvidado, estoy en ello, estaba .... Si sí, ya lo sé, pero he entrado en una exposición de unos cuadros muy interesantes ....Y yo, también te quiero. Venga, que sí, que no tardo.

No se porqué, algo me decía que esta conversación ya se había acabado........
PD Si quereís documentaros más sobre Dánae....Blog Turulato

En la tienda de antiguedades

Aquel soleado domingo de octubre, no tenía nada que hacer, me apetecía salir a tomar el aire, me puse unos jeans, una de mis mejores camisas por encima de una camiseta negra y salí a pasear por la zona del 'Maremagnum', en el puerto en Barcelona, hacía frío, pero brillaba el sol en un cielo azul y limpio, sin nubes, era agradable, se estaba bien deambulando, mirando la gente, uno de los locales abiertos presentaba una liquidación de cuadros, estaban expuestos, algunos originales de pintores desconocidos y copias legales de cuadros famosos, me encontré con una ligera cola para acceder, se liquidaban la mayor parte de todo el material expuesto, los precios muy bajos, detrás de mi una chica sola ensimismada, con vaqueros y un jersey delgado de hilo de azul turquesa, llevaba unas gafas rectangulares pequeñas que le conferían un aspecto intelectual, entablamos conversación, a ambos nos gustaba curiosear en galerías, me dijo que se llamaba Marlene y entramos juntos al museo.

Me sorprendió la amplitud de las salas, en una de ellas un conjunto de cuadros eróticos renacentistas ocupaban buena parte de la misma, debido a los focos y la cantidad de gente, la temperatura era altísima, gran cantidad de cuadros de mujeres desnudas, hombres, escenas placenteras en campiñas, jardines o palacios, algunas Venus renacentistas, Adonis, odaliscas, poses de toda índole, mostrando la desnudez y el erotismo de la forma más cruda y sugerente.

Marlene, se le notaba que disfrutaba especialmente, iba de cuadro en cuadro, acercándose, mirándolos de lejos, yo me limitaba a fantasear un poco, de repente soltó un:
-¡¡Ohhhhhh !! No me había dado cuenta !!
Todos nos giramos hacia ella, estaba como poseída por un cuadro.
La obra en cuestión era 'Dánae recibiendo la lluvia dorada' de Tiziano. Una copia del original custodiado en el museo de Capodimonte.
Le pregunté que le pasaba, pero estaba absorta y me dijo que ahora no podía explicármelo.
Cuando acabamos de ver los cuadros, quedamos en buscar una cafetería por allí cerca para charlar un poco. La verdad es que me sorprendió ver una chica tan joven, interesándose de esa forma por la pintura.

-La verdad es que me he sofocado por tu culpa, por un momento tu jersey de color azul fuerte, con esa abertura tan amplia en el cuello, la sala llena de desnudos, el color rojo pasión predominante y en el medio de todo este enclave, tú la única mujer guapa, indiferente a todas las sugerentes explosiones de los sentidos allí expuestas, como centro de esas manifestaciones de escenas eróticas tan febriles, momentos capturados a lo largo de los tiempos allí expuestos, no sé, he pensado en todos ahí erotizados, desnudándose mentalmente unos a otros.
Rió con ganas ...
-¿Te imaginas a Tiziano excitándose mientras pintaba a Dánae?
-No, la verdad es que me resulta muy lejano, prefiero imaginarme a la chica del jersey azul, de sonrisa enigmatica y le hice un guiño.

Una sonrisa muy dulce, apareció al otro lado de la mesa.
-Gracias. Dijo bajando la mirada y la voz como un tanto azorada

Marlene, ahora me mostró otra faceta, su lado menos frio, se sacó las gafas y alargó los brazos como un gato desesperezándose, sentí un cosquilleo muy dentro de mí.
El escote del fino jersey se ladeó un tanto, resbalando, dejándole un hombro de piel muy blanca, casi como el del cuadro aquel que ella miró tan intensamente.

-Hoy he descubierto un detalle fascinante sobre el cuadro de Tiziano, acerca de Dánae. ¿Conoces la historia?
-Pués no.
-Es que para comprender el detalle que acabo de descubrir, necesitas saberla. Lo importante es que la lluvia dorada que cae sobre el sexo de la Dánae (en griego Δανάη, “sedienta”)

Zeus estaba loco por ella. Al ser un Dios poderoso, hubiese podido raptarla sin ningún problema, pero quería mantener el secreto, evitando que se enterara su esposa Hera.

Todo ocurrió en una noche estrellada...Dánae yacía desnuda en su lecho, mientras soñaba con la ansiada libertad, cuando apareció Zeus a través de una rendija e inmediatamente se transformó en una suavísima lluvia dorada, se transformó en su propio semen, que cayó sobre la doncella.

Así, gota a gota, entró Zeus en el cuerpo desnudo y asustado de Dánae, patidifusa ante tan importante visita. Aquellas gotas doradas, cual cálido, perfumado, luminoso y vibrante abrazo, lograron el lascivo propósito del dios, la posesión de la hembra, y, de paso, introdujeron en el impúdico vientre femenino la semillita de una nueva vida: la del futuro héroe Perseo.

-Interesante historia, fascinante.
Pedimos unas tónicas y unos pequeños sandwichs, estaban deliciosos, mientras hablábamos, mordisqueabamos y sorbíamos a pequeños sorbos las bebidas, disfrutando de aquella conversación.
-Resulta que hoy he descubierto algo nuevo... es que…verás:
(Se notaba que tenía ganas de contarlo y se atropellaba a si misma al hablar, estaba visiblemente emocionada).
-La diosa está tumbada así ¿no? Preparada para recibir la lluvia dorada.




Marlene atrae hacía si otra de las pequeñas sillas de madera, se recuesta entre las dos sillas imitando la postura de Dánae. Yo asiento con la cabeza.




-Pues bien, una de sus piernas tapa la mano, y por la situación del brazo suponemos que reposa en la ingle. Pero si te fijas, esa mano se ve, pero está muy borrosa.
Dice ella colocándosela por debajo del envés del muslo.

-Ahí viene lo bueno, te das cuenta que ésta aprieta los dedos contra la carne como si quisiera abrirse más de lo que puede y deseara empujar ¿Lo ves? Mira así !!

Marlene estaba eufórica, abre ahora sus piernas y aprieta los dedos contra la tela del pantalón. Al punto, se deja caer sobre la silla, toma la otra silla la acerca y se queda tumbada y da unos casi imperceptibles golpes de cadera al aire.

Había adoptado a la perfeccion la postura de la diosa, que aparecía acostada y desnuda sobre un lecho con las piernas abiertas y flexionadas y la cabeza ladeada. A pesar de los jeans y de su llamativo jersey yo estaba imaginando a Dánae allí delante mio. Instintivamente moje las yemas de los dedos en la tónica y lancé gotitas sobre su sexo, con las luces que se filtraban por la ventana parecían pequeñas perlas. Marlene aumentó sus golpes de cadera al aire abriendo aún más su sexo bajo los jeans.


Pasan unos segundos y se incorpora, se sienta recta como guardando la compostura y se coloca el escote del jersey, que inmediatamente se precipita hombro abajo.
Yo estaba alucinando, me ajusté las gafas, no podía dejar de mirarla, me estaba imaginando a la Dánae en la época actual, en una cafetería bajo una lluvia dorada, y un hombro desnudo al aire libre, al ver que la miraba tan intensamente ella bajó la suya.

-Ven, siéntate más cerca y le acerqué una silla a mi lado-

Marlene dudó unos momentos concentrada en los dibujos de las vetas del mármol de la mesa, de repente soltó:
-¿ Y por qué no?
Vuelve a sonreír, se levanta y en lugar de sentarse en la silla que le había preparado, se sienta sobre mi muslo, dándome la espalda, casi de un salto, apoyandose sobre mi pecho, estaba ahi en mi regazo, dejando su peso en mi pierna y aguantando con la punta de los pies en el suelo.

Instintivamente me acerco a su cuello y lo huelo. Puedo sentir su calor a través de su amplio escote un olor a lavanda y excitación que surgía de su interior.
-¿Estás húmeda verdad? –le susurro

Marlene asiente con la cabeza. No habla, ahora su mirada está pérdida entre las paredes, mira lejos.


-Muéstramelo.
-Aquí no puedo

Dice ella negando con la cabeza. Se hace un silencio tenso, creo que esta vez he ido demasiado lejos y todo va a acabar aquí

-Vete al baño y traeme la prueba.
Se lo pido semicerrando los ojos, con una mirada que intentaba ser suplicante, pero salió entre morbosa y cómplice, con un tono de voz que a mi me pareció seductor. Aunque al acabar la frase me delató un pequeño suspiro traidor.
Marlene sonríe esta vez, muestra todos sus dientes blancos preciosos, se levanta con un ágil saltito y entra en el baño. Me quedé mirando la puerta. No se que cara puse y prefiero no imaginármela.
Se hizo interminable, pero solo pasaron unos minutos, sale y se sienta enfrente.
Marlene me muestra la yema del dedo índice ligeramente humedecida, se lleva el dedo índice a sus propios labios, saca la punta de la lengua y se lame tímidamente. Para y baja la mirada a la mesa.

-¿Te gustaría saber cuál es mi sabor?
Me pregunta bajando la voz, nuestros torsos rebajan la separación, casi estan encima de la mesa mesa que nos separa. Marlene se encoge de hombros, el escote del jersey vuelve a caer indómito, agarro su mano con decisión y me la acerco a la nariz.

Aspiro profundamente y luego jugueteo con sus dedos, los paso por la mejilla, acaricio mis labios con ellos y finalmente los introduzco en la boca. Son muy suaves, apenas se mueven, me gusta lamerlos lentamente, chuparlos, mi lengua los recorre con mucha dulzura, desde su base a las uñas, Marlene no hace nada, pero ahora si me devuelve la mirada. Intento descubrir el sabor de su sexo, con lentitud no quiero gastar su sabor.

Ella cierra los ojos y empieza a morderse el labio inferior.
Su cuerpo se contonea ligeramente en la silla. Con la mano libre se aprieta la parte trasera del muslo tirando hacia arriba como intentando abrir su sexo. Su respiración se acelera......Vuelve a aparecer la doncella Dánae.....

Un extraño zumbido 'in crescendo' interrumpe la magia que se había desarrollado allí, rodeando aquella mesa blanca de mármol, y las tres sillas desordenadas, donde las vetas estaban empezando a dibujar formas con vida, Zeus y Dánae desaparecieron y les substituyeron las voces de la multitud ajetreada, descubriéndome que no estábamos solos en aquella vieja cafetería al lado del almacén de antiguedades.

Marlene rebuscó en el bolso, extrajo un artilugio rosa, lleno de botoncitos y su semblante se crespó de repente, los sonidos de tazas y conversaciones lejanas volvieron....

-Dime. No, no me he olvidado, estoy en ello, estaba .... Si sí, ya lo sé, pero he entrado en una exposición de unos cuadros muy interesantes ....Y yo, también te quiero. Venga, que sí, que no tardo.

No se porqué, algo me decía que esta conversación ya se había acabado........
PD Si quereís documentaros más sobre Dánae....Blog Turulato

jueves, 23 de octubre de 2008

El beso de chocolate

Hace unos años....
Veraneábamos en el mismo pueblo costero, a menudo pasábamos largas horas, coincidíamos con nuestros respectivos amigos, buceando por las mañanas y luego recuperando la temperatura y descansando tirados en la arena blanca, bajo los rayos tenues del sol del ocaso.
Otras veces dábamos largos paseos entre las rocas buscando conchas, o buscabamos un acantilado desde donde tirarse al mar.
Dormíamos en nuestros bajos apartamentos, con las ventanas abiertas para evitar el calor de las noches de Agosto, m
e metí una de esas noches en su dormitorio, envuelto en una sábana y la quise asustar, pero ella me sorprendió cuando me dijo:
—¡Ya te vale, jajajaja ¡no das nada de miedo! ¡Quítate la sábana y bájate los pantalones!

Salí corriendo, no se si me reconoció, debo admitir que no fue una gran idea, desde luego sus reacciones no eran previsibles y por lo tanto me descentraban constantemente.

Para arreglarlo.....

Debo admitir que me moría por verla a solas de nuevo, llegó el día en el que por azar coincidimos en un parque, llevaba una blusa negra que le quedaba genial y jeans y yo una camisa de cuadritos y unos tejanos gastados de color verdoso.
Me acuerdo perfectamente.
Se que me ví a mi mismo diciéndole que la encontraba muy guapa y no se porqué empecé a sonrojarme, quizás por los nervios, quizás porque sus ojos cristalinos empezaron a clavarse en mi boca mientras hablaba, mientras se le abrió la cara y apareció su sonrisa, entonces para mi ya desapareció todo, mis manos ya no me obedecían y ahí demostré gran torpeza, una de las bolas del helado que estaba tomando despegó del cucurucho de galleta y por ir a recuperarlo, rebotó en mi cara dejando su huella y siguió rodando por el pecho, hasta aplastarse en el suelo, no sin antes dejar su huella por todas mis prendas, llevaba dos botones de la camisa desabrochados, naturalmente hubo por su parte un ataque compulsivo de risa, pero entonces se ofreció a limpiarme, sacó un klenex y me ayudó sacar los restos de chocolate del pecho, pero el tacto de sus dedos sobre el vello y la piel de mi pecho, me puso la piel de gallina y solo consiguió ponerme más rojo, creo que parecía un semáforo, por lo ridícula de la situación y porque me estaba paralizando por momentos, lo que pasó después me inmovilizó aún más, acercó su rostro a mi cara y los restos que del helado quedaban en mi cara, los limpió con su lengua, yo estaba inmóvil sin saber que hacer, hasta que su lengua bajó y me besó en los labios.

Unos días después ....

- ¿Tienes frío?
- No, así estoy bien...

Ella estaba apoyada en mi pecho, mientras la rodeaba la cintura con mis brazos, dejando las manos muertas sobre su vientre. Jamás me había sentido tan a gusto como en aquel momento, como si estuviéramos juntos de toda la vida.
Una sábana blanca de algodón nos cubría, los ojos cerrados y nuestra respiración ralentizada, rompí el silencio por fin para decirle en voz muy baja:

- ¿Te he dicho alguna vez que eres más que una amiga para mí?

Noté como por fin no sabía que contestarme, solo sus ojos azules se abrieron como dos platos, parecía que tuvieran un interrogante gigante, me miraban analizándome de arriba abajo, conocía bien ese gesto, era como si me pidieran que siguiera hablando.

Tardó unos minutos en reaccionar y negó con la cabeza muy lentamente, la miré fijamente

- Pues ya lo sabes. Te quiero.
- Yo... También.

Se acurrucó contra mi pecho, apoyó su cabeza contra mis hombros y recuerdo el frí en mis manos, esos cabellos rubios inundándolo todo, antes de quedar dormidos.

Pasó el verano y ya no la vi nunca más, no volvió por allí pero me dejó una sonrisa inmensa, un beso robado con sabor a frio chocolate y duces labios ardientes.

El beso de chocolate

Hace unos años....
Veraneábamos en el mismo pueblo costero, a menudo pasábamos largas horas, coincidíamos con nuestros respectivos amigos, buceando por las mañanas y luego recuperando la temperatura y descansando tirados en la arena blanca, bajo los rayos tenues del sol del ocaso.
Otras veces dábamos largos paseos entre las rocas buscando conchas, o buscabamos un acantilado desde donde tirarse al mar.
Dormíamos en nuestros bajos apartamentos, con las ventanas abiertas para evitar el calor de las noches de Agosto, m
e metí una de esas noches en su dormitorio, envuelto en una sábana y la quise asustar, pero ella me sorprendió cuando me dijo:
—¡Ya te vale, jajajaja ¡no das nada de miedo! ¡Quítate la sábana y bájate los pantalones!

Salí corriendo, no se si me reconoció, debo admitir que no fue una gran idea, desde luego sus reacciones no eran previsibles y por lo tanto me descentraban constantemente.

Para arreglarlo.....

Debo admitir que me moría por verla a solas de nuevo, llegó el día en el que por azar coincidimos en un parque, llevaba una blusa negra que le quedaba genial y jeans y yo una camisa de cuadritos y unos tejanos gastados de color verdoso.
Me acuerdo perfectamente.
Se que me ví a mi mismo diciéndole que la encontraba muy guapa y no se porqué empecé a sonrojarme, quizás por los nervios, quizás porque sus ojos cristalinos empezaron a clavarse en mi boca mientras hablaba, mientras se le abrió la cara y apareció su sonrisa, entonces para mi ya desapareció todo, mis manos ya no me obedecían y ahí demostré gran torpeza, una de las bolas del helado que estaba tomando despegó del cucurucho de galleta y por ir a recuperarlo, rebotó en mi cara dejando su huella y siguió rodando por el pecho, hasta aplastarse en el suelo, no sin antes dejar su huella por todas mis prendas, llevaba dos botones de la camisa desabrochados, naturalmente hubo por su parte un ataque compulsivo de risa, pero entonces se ofreció a limpiarme, sacó un klenex y me ayudó sacar los restos de chocolate del pecho, pero el tacto de sus dedos sobre el vello y la piel de mi pecho, me puso la piel de gallina y solo consiguió ponerme más rojo, creo que parecía un semáforo, por lo ridícula de la situación y porque me estaba paralizando por momentos, lo que pasó después me inmovilizó aún más, acercó su rostro a mi cara y los restos que del helado quedaban en mi cara, los limpió con su lengua, yo estaba inmóvil sin saber que hacer, hasta que su lengua bajó y me besó en los labios.

Unos días después ....

- ¿Tienes frío?
- No, así estoy bien...

Ella estaba apoyada en mi pecho, mientras la rodeaba la cintura con mis brazos, dejando las manos muertas sobre su vientre. Jamás me había sentido tan a gusto como en aquel momento, como si estuviéramos juntos de toda la vida.
Una sábana blanca de algodón nos cubría, los ojos cerrados y nuestra respiración ralentizada, rompí el silencio por fin para decirle en voz muy baja:

- ¿Te he dicho alguna vez que eres más que una amiga para mí?

Noté como por fin no sabía que contestarme, solo sus ojos azules se abrieron como dos platos, parecía que tuvieran un interrogante gigante, me miraban analizándome de arriba abajo, conocía bien ese gesto, era como si me pidieran que siguiera hablando.

Tardó unos minutos en reaccionar y negó con la cabeza muy lentamente, la miré fijamente

- Pues ya lo sabes. Te quiero.
- Yo... También.

Se acurrucó contra mi pecho, apoyó su cabeza contra mis hombros y recuerdo el frí en mis manos, esos cabellos rubios inundándolo todo, antes de quedar dormidos.

Pasó el verano y ya no la vi nunca más, no volvió por allí pero me dejó una sonrisa inmensa, un beso robado con sabor a frio chocolate y duces labios ardientes.

El beso de chocolate

Hace unos años....
Veraneábamos en el mismo pueblo costero, a menudo pasábamos largas horas, coincidíamos con nuestros respectivos amigos, buceando por las mañanas y luego recuperando la temperatura y descansando tirados en la arena blanca, bajo los rayos tenues del sol del ocaso.
Otras veces dábamos largos paseos entre las rocas buscando conchas, o buscabamos un acantilado desde donde tirarse al mar.
Dormíamos en nuestros bajos apartamentos, con las ventanas abiertas para evitar el calor de las noches de Agosto, m
e metí una de esas noches en su dormitorio, envuelto en una sábana y la quise asustar, pero ella me sorprendió cuando me dijo:
—¡Ya te vale, jajajaja ¡no das nada de miedo! ¡Quítate la sábana y bájate los pantalones!

Salí corriendo, no se si me reconoció, debo admitir que no fue una gran idea, desde luego sus reacciones no eran previsibles y por lo tanto me descentraban constantemente.

Para arreglarlo.....

Debo admitir que me moría por verla a solas de nuevo, llegó el día en el que por azar coincidimos en un parque, llevaba una blusa negra que le quedaba genial y jeans y yo una camisa de cuadritos y unos tejanos gastados de color verdoso.
Me acuerdo perfectamente.
Se que me ví a mi mismo diciéndole que la encontraba muy guapa y no se porqué empecé a sonrojarme, quizás por los nervios, quizás porque sus ojos cristalinos empezaron a clavarse en mi boca mientras hablaba, mientras se le abrió la cara y apareció su sonrisa, entonces para mi ya desapareció todo, mis manos ya no me obedecían y ahí demostré gran torpeza, una de las bolas del helado que estaba tomando despegó del cucurucho de galleta y por ir a recuperarlo, rebotó en mi cara dejando su huella y siguió rodando por el pecho, hasta aplastarse en el suelo, no sin antes dejar su huella por todas mis prendas, llevaba dos botones de la camisa desabrochados, naturalmente hubo por su parte un ataque compulsivo de risa, pero entonces se ofreció a limpiarme, sacó un klenex y me ayudó sacar los restos de chocolate del pecho, pero el tacto de sus dedos sobre el vello y la piel de mi pecho, me puso la piel de gallina y solo consiguió ponerme más rojo, creo que parecía un semáforo, por lo ridícula de la situación y porque me estaba paralizando por momentos, lo que pasó después me inmovilizó aún más, acercó su rostro a mi cara y los restos que del helado quedaban en mi cara, los limpió con su lengua, yo estaba inmóvil sin saber que hacer, hasta que su lengua bajó y me besó en los labios.

Unos días después ....

- ¿Tienes frío?
- No, así estoy bien...

Ella estaba apoyada en mi pecho, mientras la rodeaba la cintura con mis brazos, dejando las manos muertas sobre su vientre. Jamás me había sentido tan a gusto como en aquel momento, como si estuviéramos juntos de toda la vida.
Una sábana blanca de algodón nos cubría, los ojos cerrados y nuestra respiración ralentizada, rompí el silencio por fin para decirle en voz muy baja:

- ¿Te he dicho alguna vez que eres más que una amiga para mí?

Noté como por fin no sabía que contestarme, solo sus ojos azules se abrieron como dos platos, parecía que tuvieran un interrogante gigante, me miraban analizándome de arriba abajo, conocía bien ese gesto, era como si me pidieran que siguiera hablando.

Tardó unos minutos en reaccionar y negó con la cabeza muy lentamente, la miré fijamente

- Pues ya lo sabes. Te quiero.
- Yo... También.

Se acurrucó contra mi pecho, apoyó su cabeza contra mis hombros y recuerdo el frí en mis manos, esos cabellos rubios inundándolo todo, antes de quedar dormidos.

Pasó el verano y ya no la vi nunca más, no volvió por allí pero me dejó una sonrisa inmensa, un beso robado con sabor a frio chocolate y duces labios ardientes.